CONTAMOS Y CELEBRAMOS

LA HISTORIA DE JESÚS DE NAZARET

(Normativa Diocesana para Hermandades y Cofradías)

PRESENTACIÓN

De unos años a esta parte, la Religiosidad popular y sus manifestaciones externas se han convertido en un árbol frondoso, creciendo hasta alturas destacadas, contra el pronóstico de quienes pensaban que el fenómeno social de la secularización iba a dar al traste con toda manifestación pública de fe.

Este crecimiento hace que se encuentre en el momento de poder cargarse de frutos abundantes y espléndidos. Aunque, a la vez y por la misma fuerza del crecimiento, corra el peligro de desviarse, y la purificación se haga más oportuna y necesaria que nunca.

Conviene, por lo tanto, volver a discernir sobre todo lo referente a la Religiosidad Popular, para sacar a luz sus abundantes potencialidades, y tratar de conseguir entre todos que sea un hecho integrado en la vida de nuestra Iglesia Particular. Porque estamos convencidos (y lo repetimos una vez más) de que la Religiosidad Popular encierra muchos elementos positivos que no podemos ignorar y mucho menos despreciar o eliminar. Quien interpretara el presente documento como un posicionamiento negativo frente a la Religiosidad Popular y a sus genuinas manifestaciones externas, estaría viciando su espíritu y su letra.

Mirando a nuestro alrededor, constatamos situaciones paradójicas: en una sociedad fuertemente secularizada como la nuestra, proliferan manifestaciones religiosas; en una sociedad alejada de la fe como la nuestra, nos abruma el sentido de lo sagrado; en una sociedad en la que la razón se presenta como la única norma de conocimiento y comportamiento, nos inundan supersticiones, magias y ritos exotéricos...

Trasladando estas paradojas al interior mismo de nuestra Iglesia, no deja de extrañar que a una menor práctica sacramental y a un disminuido compromiso cristiano en el mundo corresponda, sin embargo, un crecimiento desmedido de Hermandades y Cofradías.

Pero ahí está el hecho. Y hay que reconocerle su capacidad de convocatoria: la participación en las manifestaciones externas que promueve es masiva y pública. Es continua la actividad que desarrollan los grupos de Religiosidad Popular, como reflejan tantos actos organizados por ellos. Es abundante el número de jóvenes que se suman activamente a estas manifestaciones. La mujer empieza a incorporarse en igualdad de condiciones... Es preciso reconocer a la Religiosidad Popular el servicio que presta a la fe de nuestro pueblo, en medio de circunstancias sociales y culturales adversas. Estamos convencidos de que, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, ?la religiosidad del pueblo, es su núcleo, en un acervo de valores que corresponde con sabiduría a los grandes interrogantes de la existencia?1  El trabajo por purificarla tiene siempre como objetivo, según recuerda el mismo Catecismo de la Iglesia Católica, rescatar ?el sentido religioso que subyace en estas devociones?2 

Con este talante abierto volvemos de nuevo a la Religiosidad Popular. Estamos, en efecto, ante un fenómeno positivo, pero pastoralmente complejo. Queremos actuar con verdadero interés evangelizador y catequético. Es lo que se intenta con el presente documento, preparado por la Delegación Episcopal de Liturgia: por una parte, clarificar la naturaleza de la Religiosidad Popular y de sus manifestaciones; por otra, encontrar las mejores concreciones para hacer posible su ser y su quehacer. Esta doble finalidad se refleja en la estructura de cada apartado: una justificación doctrinal precede a las normas concretas. Ambas (justificación y normas) están encaminadas a orientar específicamente a las Hermandades y Cofradías, de modo que acierten plenamente en sus cometidos.

Lo presentamos bajo un título que nos parece sugerente y, sobre todo, muy correcto para abarcar los objetivos más genuinos de las Hermandades y Cofradías: Contamos y celebramos la historia de Jesús de Nazaret. El sujeto es la primera persona del plural: nosotros. Es decir, nos situamos abiertamente en la posición del creyente que, en la Iglesia, recibe, vive y manifiesta su fe en Jesús de Nazaret . Ésta es la entraña misma de toda pertenencia a una Hermandad y Cofradía. Al margen de esta fe, como motivo de pertenencia, todo empieza a perder sentido.

Completamos así un esfuerzo diocesano de años respecto a la Religiosidad Popular. Se ha trabajado mucho. Sería interminable la lista de personas que, de una manera u otra, han hecho posible todo lo que, hasta ahora, se ha logrado: diócesis, arciprestazgos, parroquias, Hermandades y Cofradías. Pero se nos pide un paso más. Espero que en este momento sea mucho más fácil de dar por parte de todos los que ya hemos iniciado el camino y no queremos quedarnos sin llegar a la meta. Estoy seguro de la respuesta positiva y cordial por parte de todos para poder culminar la tarea emprendida.

Con las normas que se contienen en este documento, concretamos para nuestra Diócesis el derecho eclesiástico universal sobre las Asociaciones de Fieles. Después del trabajo realizado por muchas Hermandades y Cofradías sobre los materiales apropiados, y oídos el Consejo Presbiteral y el Consejo Diocesano de Pastoral, determino que estas normas sean de obligado cumplimiento en todas las parroquias, comunidades cristianas, casas religiosas, y demás lugares de culto de nuestra Diócesis. Aun teniendo en cuenta que su aplicación será progresiva, según las exigencias de una sana pedagogía pastoral, encomiendo a los párrocos que las hagan llegar a todos los Consejos Parroquiales de Pastoral, para que sean objeto de estudio y diálogo. Y encomiendo a los Consiliarios y Juntas Directivas de Hermandades y Cofradías y a los rectores de los templos, que las hagan llegar a todas las Asociaciones, para que en su seno se reflexione sobre su contenido y sobre la manera de llevarlas a la práctica. Estoy seguro de que todas las Hermandades y Cofradías de la Diócesis sabrán comprender el servicio pastoral que esta normativa supone para ahondar en su propia identidad asociativa y, desde ella, poder vivir con más intensidad su fe cristiana. Su acogida y cumplimiento será, por otra parte, un positivo signo de comunión eclesial.

+Rafael, Obispo de Ciudad Real

Prior de las Órdenes Militares

1. NOSOTROS

?Contamos y celebramos?. ?Quiénes? La Iglesia.Aquellos que, habiendo acogido y confesado a Jesús de Nazaret como Hijo de Dios, nos unimos a Él, por la fuerza del Espíritu, como único Salvador, y queremos ofrecerlo y proponerlo a todos como tal.

El bautismo es el sello de nuestra opción. El Bautismo, nos une, en efecto, a Cristo haciéndonos criaturas nuevas. Nos integra en la gran familia de los bautizados. Nos lanza al mundo para dar testimonio del amor de Dios derramado salvadoramente para nosotros en Cristo Jesús, y nos abre a la esperanza de un mundo nuevo.

?Contamos y celebramos?. Nosotros, los bautizados, la Iglesia. En torno a Jesús de Nazaret, y casi desde el primer momento de su vida pública, nace el grupo: el grupo grande de oyentes, y el grupo más reducido de los discípulos. La misión de Jesús tiene una explícita vocación comunitaria. Desde Él, es difícil el individualismo. Y, si ha llegado hasta nosotros su persona y su mensaje, no ha sido por el esfuerzo y testimonio de una sola persona por muy excepcional que haya sido. Se debe a la acción de la Iglesia. Aunque, lógicamente, mediante la vida, el testimonio y la predicación de muchos de sus miembros.

Los bautizados que componemos la Iglesia somos una gran familia, con cualidades y responsabilidades distintas y compartidas: Obispos, presbíteros, laicos y consagrados. Los Obispos, siendo, a la vez que garantía de apostolicidad y de comunión con las demás Iglesias, punto de comunión y de unidad para toda la Iglesia Local. Los presbíteros, como colaboradores del Obispo y de su misión en cada una de las parroquias y en cada uno de los ámbitos del servicio pastoral en la Diócesis. Los laicos, como encargados de llevar la presencia del Evangelio a todos los rincones de la sociedad. Los consagrados, manteniendo viva la esperanza del mundo nuevo. Una Iglesia que es, por tanto, comunión; en la que no sobra nadie y en la que cada uno ocupa el lugar que le corresponde, siendo complementarios unos de otros. Una Iglesia en la que el ?nosotros? va mucho más allá de lo que afecta a cada uno de los grupos, para referirse a lo totalmente común. Una Iglesia en la que se hace camino juntos, interesándose unos por otros y enriqueciéndose mutuamente. Una Iglesia en la que no cabe la rivalidad, la división, el recelo.

Gracias a la Iglesia, habitada por el Espíritu, Jesús de Nazaret no ha quedado perdido en el tiempo, reducido sólo a una figura del pasado. Ella lo ha hecho presente para todas y cada una de las generaciones de la historia.10 

?Contamos y celebramos?. Así, en plural. Como hacen las Hermandades y Cofradías. Estas son grupos de bautizados que, habiendo descubierto esta identidad y deseando vivirla lo mejor posible, se unen a otros que comparten esa misma identidad y deseos, para, en el ámbito de su Iglesia y en medio del mundo, poder conseguirlo a favor de los demás. Por eso, se las llama asociaciones de fieles en la Iglesia.11  De la Iglesia reciben su personalidad jurídica, desde la Iglesia la desarrollan pastoralmente, y, como Iglesia, la testimonian en el mundo.

Por todo esto, en nuestra Diócesis:

1.1 Erigir canónicamente una Hermandad o Cofradía corresponde al Obispo,12  que lo hará si considera que se dan las condiciones que pastoralmente lo hagan aconsejable,13  tras consultar al párroco,14  al Consejo Parroquial de Pastoral y, si existe, a la Asociación de Hermandades y Cofradías, correspondientes.

1.2 Los criterios que se tendrán en cuenta a la hora de examinar la conveniencia pastoral de erigir canónicamente una Hermandad o Cofradía serán:

1.2.1 Número de Hermandades existentes en la localidad y/o en la parroquia.

1.2.2 Actitud creyente y grado de vinculación eclesial de las personas que lo soliciten.

1.2.3 Comprobación de la necesidad/conveniencia pastoral de la nueva Cofradía.15 

1.2.4 Motivaciones aducidas para la creación de la Hermandad.

1.2.5 No haber dado ?pasos? previos por cuenta propia,16  utilizando la vía de los ?hechos consumados?.

1.3 El Obispo podrá asimismo suprimir una Hermandad erigida canónicamente, bien a petición de la Asamblea General de la misma, bien en caso de actividades gravemente contrarias a la doctrina o disciplina eclesiásticas, bien por escándalo para los fieles.17 

1.4 Para la erección canónica de Hermandades y Cofradías, se solicitarán las normas y el Estatuto Marco a la Secretaría General del Obispado.

1.5 El Obispo deberá confirmar en su cargo al Hermano Mayor/Presidente de todas y cada una de las Hermandades y Cofradías, elegido en las preceptivas Asambleas Generales. El Hermano Mayor Presidente no desempeñará simultáneamente cargos de dirección en partidos o grupos políticos.18 

1.6 Las Hermandades/Cofradías canónicamente erigidas estarán representadas en los Consejos de Pastoral de las Parroquias en que tienen su sede, según lo establecido en los respectivos Estatutos de los Consejos Parroquiales de Pastoral.19 

1.7 En todas las localidades donde haya más de una Parroquia, se constituirá la Asociación de Hermandades y Cofradías. Donde haya una sola Parroquia, esto es recomendable.20 

1.8 Las Hermandades y Cofradías, una vez erigidas canónicamente, podrán inscribirse en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia y obtener así personalidad jurídica civil. Para ello, deberán hacer los trámites necesarios a través de la Secretaría General del Obispado.21 

2. ?QUÉ CONTAMOS?

?La historia de Jesús de Nazaret?. No como historiadores o eruditos. Sino como creyentes. Es un asunto de fe. Y, por consiguiente, de convicción, de vivencia y de testimonio. Si no nos movemos en ese contexto, estaremos haciendo otra cosa, que puede tocar de refilón a Jesús de Nazaret, pero que puede no tener nada que ver con Él. En ese caso, no pasaríamos de ser un grupo como tantos otros, con pretensiones humanitarias o culturales, pero con ninguna motivación religiosa ni eficacia verdaderamente salvadora. Somos un grupo de creyentes. La fe es nuestra raíz y la motivación de todo lo que hacemos.22 

La Iglesia, y los bautizados, movidos por el Espíritu, somos la prolongación visible de Jesús de Nazaret, que, a su vez, es la manifestación de Dios Padre. Y la Iglesia realiza esta tarea desde la convicción de que Jesús de Nazaret, que nos ha librado del pecado,23  supone la renovación más radical que puede aportarse al mundo. Los bautizados estamos convencidos de esto. Y nos preguntamos continuamente qué distinto podría ser el mundo de aceptarse el proyecto de vida que propone Jesús de Nazaret. Y esto es lo que queremos que descubran todos. Por eso, lo ?contamos?, lo decimos a los demás.

No pretendemos aportar otra cosa que no sea esto. Y estamos convencidos de que no lo podemos contar si nosotros mismos no lo creemos. Para eso, los cristianos debemos trabajar continuamente en dos direcciones: por una parte, afianzando cada vez más nuestra fe (cuidándola, ilustrándola...); por otra, desechando todo lo que se oponga a ella o la oscurezca aunque sea mínimamente.24 

Sí. La fe necesita ser actualizada, porque se producen cambios en cada uno de nosotros, en la misma Iglesia y en el ambiente en que nos movemos. Y no sirve para toda la vida lo conseguido en un determinado momento.

La fe exige un trato continuo con la Palabra de Dios, para adquirir un conocimiento profundo de ella y para dejarla transformar la vida poco a poco. El creyente es alguien que no sabe leer su vida si no es desde Dios.

La fe exige cuidar muchísimo lo que llamamos formación. Que la fe también se estudia. Que la fe supone la razón. Y no estamos en un tiempo de creyentes ingenuos ni mucho menos ignorantes, sino de creyentes que, cada día, ilustran su fe.25 

La fe debe ser vivida en un mundo y en un momento concreto. El Evangelio (siendo siempre el mismo) ha de presentarse de manera adecuada al hombre de cada tiempo, también al hombre de nuestros días. Y hoy las cosas han cambiado mucho y nos encontramos en una sociedad culturalmente fragmentada, que no admite verdades absolutas, que sólo estima como válido lo que queda al alcance de la mano, que dice no necesitar de lo religioso, que no se preocupa por el sentido del origen ni del final... Y esto, con una fuerza impresionante: desde todos los ángulos nos llegan mensajes que cuestionan los planteamientos de la fe (medios de comunicación, criterios, comportamientos...) ?Cuántas veces advertimos nuestra falta de respuesta ante lo que se nos plantea! O, lo que es peor, ?cuántas veces pensamos que llevan razón los que no piensan en cristiano!26 

Las Hermandades y Cofradías, compuestas por creyentes, tienen también la grave responsabilidad de ?contar?, desde la fe, de una manera específica, la historia, pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret.

Por todo esto, en nuestra Diócesis:

2.1 Para pertenecer a una Hermandad o Cofradía, será necesario estar bautizado.27  Esto se acreditará, en el momento de solicitar la adscripción, mediante la correspondiente Partida de Bautismo. También, en el caso de los niños.

2.2 Se propone a las Hermandades y Cofradías que, antes de la admisión dfinitiva de sus hermanos, estos tengan un período de iniciación como cofrades. Una parte de esta preparación consistirá en el estudio de los temas elaborados para las Hermandades y Cofradías por la Delegación Episcopal de Liturgia. 28 

2.3 Es muy recomendable que las Hermandades y Cofradías trabajen por que todos sus miembros sean iniciados de modo completo en la fe: Bautismo, Confirmación, Eucaristía.29  La preparación a estos sacramentos la harán incorporándose a lo previsto en la Parroquia donde radica su Hermandad o en la suya propia.

2.4 Los miembros de las Hermandades y Cofradías, además de tomar parte en todos los actos de formación que estas organicen, es deseable que se inserten en el proceso de Catequesis de Adultos (u otros procesos, si trabajan comprometidamente en algún Movimiento).30 

2.5 La Delegación Episcopal de Liturgia organizará cada año un Encuentro Diocesano para Hermandades y Cofradías. Y responderá a cuantas peticiones se le hagan por parte de las mismas, brindándoles materiales, charlas... que favorezcan la formación en la fe de los cofrades.

2.6 Por parte de las parroquias, se brindará a las Hermandades y Cofradías la ayuda necesaria para que sus publicaciones (boletines, revistas...) tengan la suficiente hondura teológica y pastoral que las conviertan en verdaderos medios formativos para todos los Hermanos.

3. ?Y LA VIRGEN Y LOS SANTOS?

?Contamos y celebramos la historia de Jesús de Nazaret?. ?Y la Virgen? ?Y los santos, nuestros santos? Es la pregunta que se nos puede ocurrir de manera espontánea. Si lo pensamos un poco, rápidamente nos contestamos cada uno de modo correcto. Y nos damos cuenta de que celebramos a la Virgen y a los santos por su relación con Jesús de Nazaret. Separarlos de Él sería un disparate. Se nos quedarían en nada.31 

El único Mediador entre Dios y los hombres es el hombre Cristo Jesús. Él, el Hijo de Dios hecho hombre, sí es fuente de salvación. Los santos, no. ?Entonces? Ellos tienen una importancia muy grande para nosotros, porque son los mejores hijos de la Iglesia: han descubierto y vivido el misterio de Jesús de Nazaret de modo ejemplar. Y, por eso, no podemos ni queremos perderlos de vista: ellos nos marcan de manera clara y segura el camino que hemos de seguir como creyentes cristianos. Además, nos estimulan en ese camino haciéndonos ver que es posible vivir el Evangelio y que vale la pena hacerlo. Nos introducen así en la novedad que aporta Jesucristo y en el compromiso de transformación del mundo. Los santos, si no nos llevaran a descubrir a Jesús de Nazaret, a confesarlo como nuestro Salvador, a aceptarlo como única norma de vida... estarían ocupando un lugar que no les pertenece, y nuestra fe y el culto que les tributamos no serían correctos.

María, la Virgen, es la Reina de todos los Santos. Pero también ella es criatura salvada. Y, por tanto, hay que considerarla siempre en relación con Jesús. Lo decimos muy bien con aquello de ?a Jesús por María?. Ella es la madre, la creyente ejemplar, la cooperadora estrechísima de Jesús... Pero sólo Él, Jesús, es el Salvador. Ella es Inmaculada, porque recibió la gracia del Dios que la había elegido. Ella es Virgen, para dejar claro que la salvación viene sólo de Dios por Jesucristo. Ella es Asunta, porque participó de la misma santidad de Dios...

La Virgen y los Santos nos ayudan a centrarnos en el misterio de Cristo, que es el centro en la celebración de la Iglesia. Es lo que celebramos a lo largo de todo el Año Litúrgico,32  organizado en diversos tiempos, que destacan los misterios que componen el misterio de Jesús. La inclusión de la Virgen y los Santos en el Año Litúrgico muestra cómo se ha cumplido en ellos el misterio del Señor Jesús.

La celebración de la fe tiene su manifestación más plena en la liturgia. En ella, se actualiza salvadoramente el misterio celebrado.33  Otras manifestaciones (novenas, procesiones...) son complementarias de la celebración litúrgica, y, bien hechas, encierran un fuerte valor catequético. Pero siempre deben estar referidas a la liturgia e inspiradas por ella. Por eso, se comprende que el culto a la Virgen y a los Santos debe ordenarse con relación a la liturgia, y debe tener en cuenta la relación a las mismas imágenes entre sí, así como el lugar y el espacio de la celebración.34 

Mucho depende, en este sentido, de la formación que las Hermandades y Cofradías impartan a sus miembros. Sus ?catequesis plásticas?, bien preparadas y realizadas, pueden ser de gran ayuda para hacer entrar por los sentidos lo que ha de llegar al corazón.

Por todo esto, en nuestra Diócesis:

3.1 Las Hermandades y Cofradías encaminarán sus mejores esfuerzos a lograr que sus miembros participen en la celebración litúrgica (eucaristía dominical y festiva, Oficios de Semana Santa...), así como en la vida sacramental (penitencia...) y en la oración.

3.2 Las Hermandades y Cofradías celebrarán sólo los cultos que estén contemplados en sus propios Estatutos.35 

3.3 Para celebrar en el templo actos que no sean cultuales, ha de tenerse en cuenta la normativa en vigor.36 

3.4 Las imágenes y su colocación en los templos y para sus cultos:37 

3.4.1 No se encargarán imágenes nuevas para la veneración pública de los fieles sin que su conveniencia haya sido determinada por los órganos competentes de la Parroquia. Corresponde a la Comisión Diocesana de Arte Sacro dar su conformidad sobre las nuevas imágenes, y al Obispo, conceder permiso escrito para su adquisición.38

3.4.2 Para asegurar la custodia del patrimonio de las Hermandades y Cofradías (del que la mayor parte son las imágenes), sus bienes estarán debidamente anotados y detallados en el inventario, que se actualizará todos los años. 39

3.4.3 Las imágenes que estén dentro de los templos, deberán favorecer la auténtica piedad de los fieles, para lo que habrá de regularse su número y disposición, procurando, entre otras cosas, que no haya más de una imagen del mismo santo o del mismo misterio de Jesús o de la Virgen.

3.4.4 Si se destacan convenientemente con motivo de sus cultos más especiales, las imágenes nunca ocuparán un espacio en que sean el centro de atención para los fieles o anulen a otros elementos celebrativos o den a entender que la misma misa tiene como fin principal la glorificación del santo y, mucho menos, de las mismas imágenes. Por eso, nunca ocuparán un lugar central en el presbiterio, sino en sus alrededores. Las celebraciones sacramentales (matrimonios, bautizos, primeras comuniones, misas exequiales...) no son actos de culto a las imágenes, que, por lo mismo, no se ?utilizarán? en ellas desplazándolas de su ubicación habitual.

3.4.5 Igualmente habrá de tenerse en cuenta lo propio de cada tiempo litúrgico, para que los cultos a los santos y a la Virgen se correspondan con ellos.

3.5 Coronación de las imágenes de la Virgen:

3.5.1 Sólo podrán coronarse las imágenes de la Virgen cuya devoción sea tradicional para todos los fieles de una población o comarca, y el lugar donde se veneran sea punto de amplia devoción mariana.40 

3.5.2 El acto de la coronación será preparado suficientemente, mediante las oportunas acciones catequéticas, y asumiendo un compromiso de solidaridad promovido por la correspondiente Hermandad o Cofradía.

3.5.3 La corona para la imagen de la Virgen (y, en su caso, para la del Niño) no será lujosa ni, por tanto, excesivamente costosa, para respetar la sobriedad requerida por el culto y evitar el escándalo de la ostentación.41  Sirve la misma corona que ya se tenga.

3.5.4 Cuando en un pueblo existan varias parroquias, la preparación/celebración de la coronación será asumida por todas ellas.

3.5.5 La coronación de la imagen de la Virgen puede hacerse dentro de la Misa, en las Vísperas de la Liturgia de las Horas, o en una adecuada celebración de la Palabra de Dios,42  pero no en las grandes solemnidades del Señor ni tampoco en días de carácter penitencial.43 

3.5.6 Dado el carácter exclusivamente religioso del rito de la coronación de una imagen de la Virgen, se evitarán todas las manifestaciones que puedan oscurecerlo (nombramiento de la Virgen como alcaldesa, imposición de condecoraciones, entrega de bastones de mando...)

3.5.7 La coronación de una imagen de la Virgen es un rito que no se repite con relación a la misma imagen. Y la especial veneración de un pueblo hacia la Virgen se expresa suficientemente con la coronación de una sola de sus imágenes.

3.5.8 La solicitud para la coronación se dirigirá al Obispo, avalada por el Consejo Parroquial de Pastoral y con el V?B? del/os párroco/s correspondiente/s. Será requisito imprescindible que la Hermandad o Cofradía solicitante esté erigida canónicamente.

3.6 Los sacerdotes invitados a predicar con motivo de los cultos que promueven las Hermandades y Cofradías, cuidarán al máximo las homilías, para que, sin olvidar el misterio o santo que se celebra, sea la base la Sagrada Escritura y la doctrina del Magisterio de la Iglesia, dando la primacía a Cristo, único Mediador y Salvador.44  Así se contribuirá al verdadero crecimiento espiritual de la asamblea celebrante.45 

3.7 En la celebración litúrgica, las Hermandades y Cofradías respetarán escrupulosamente los textos litúrgicos propuestos, sin introducir formulaciones propias.46 

3.8 Con paciencia, pero con interés, se revisarán los textos utilizados en los ejercicios piadosos propios de la Religiosidad Popular (novenas, triduos...), así como las estampas que editen... para, poco a poco, acomodarlos al espíritu del Concilio Vaticano II.

3.9 La bendición e imposición de medallas y distintivos propios de los Hermanos, se hará fuera de la celebración eucarística.

3.10 Como norma general, para no oscurecer el sentido del Día del Señor,47  no se cambiarán las fechas litúrgicas (excepto la del Patrono/a del lugar, siempre que se trate de Domingos del Tiempo Ordinario) situándolas en domingo. Y, si esto se hace en alguna ocasión, habrán de respetarse los textos propios de la liturgia dominical.48 

3.11 Se evitará toda actividad comercial (medallas, estampas, objetos...) y la colocación de mesas petitorias en el interior del templo, al menos durante las celebraciones litúrgicas. Lo ideal sería buscar otro lugar para esta actividad.

3.12 Los actos de culto promovidos por las Hermandades y Cofradías con motivo de sus celebraciones, se organizarán siempre de acuerdo con los sacerdotes responsables de la parroquia correspondiente.49 

4. ?CÓMO LO CONTAMOS?

También esto tiene su importancia.50  Hablamos de la ?unidad de vida?.51  No consiste sólo en contar algo. La manera de hacerlo también cuenta. ?Y mucho! De ello depende que lo contado sea creíble y, por tanto, aceptado por los demás. Cuando, mirando al que nos dice algo, percibimos que él mismo no está convencido, su mensaje se resiente. Y, cuando el que nos habla, hace cosas contrarias a lo que dice, nos transmite un mensaje contrario al de sus palabras, que produce rechazo.

?Y qué sensibilidad tenemos para percibir esta incongruencia, que, por desgracia, no es tan infrecuente! Todos lo hemos oído, y hasta dicho, en bastantes ocasiones, referido al comportamiento de los que se dicen creyentes. ??Para eso van a la Iglesia? ?Mucha Misa, mucha Misa... y luego! ?Pues hay gente que no va a Misa y que es mucho mejor que los que acuden a ella!? Son ejemplos. Lo que se cree, en efecto, exige un comportamiento y un estilo determinado. Contradecirlo con la vida provoca la falta de credibilidad y el alejamiento de los otros.

Las Hermandades y Cofradías son grupos de Iglesia, compuestos por creyentes. Todo lo que hacen debe ir encaminado a acrecentar la fe y su vivencia en aquellos que las componen. Los que los contemplen deberían percibir siempre, y en todos los detalles, personales y de grupo, a creyentes que realizan con fe actos de fe y para la fe. Porque no olvidemos el carácter público de las manifestaciones propias de las Hermandades y Cofradías. Por eso, hay que evitar todo lo que se oponga a este modo de entender y de practicar las cosas.

Y no podemos olvidar algo que, hoy, es muy importante: la descristianización de nuestra sociedad. Hoy, muchos viven como si Dios no existiera.52  A lo sumo, muchos (cada día más) se quedan en una actitud religiosa muy vaga y muy poco influyente en su vida. Son mayoría los que carecen del sentido de la trascendencia... Y muchos de estos contemplan también las manifestaciones religiosas de las Hermandades y Cofradías.

Se podrá decir: ?Esa es la importancia y el valor de las Hermandades y Cofradías! ?Porque, para muchísimos, son la única oportunidad de conocimiento y relación con el mensaje de Jesús de Nazaret! Sin duda, pero esto, siempre que nuestra presentación sea correcta. De lo contrario, podría ser contraproducente.53  ?Que no sólo es un pueblo creyente y sencillo el que nos contempla! Hay muchos que, por razones diversas, se oponen a tales manifestaciones externas. Y hay situaciones de muchas personas para las que deberían ir más al fondo la vida y las manifestaciones de nuestros grupos de Iglesia, también de las Hermandades y Cofradías.

Todo esto, aun sin detenernos en posibles formas de antitestimonio o escándalo que pudieran darse también al interior de las Hermandades y Cofradías, o en los miembros de sus Juntas Directivas. La sospecha y el descrédito serían fatales (?y con razón!) para la sensibilidad de muchos. En esto, las Hermandades y Cofradías comparten la necesidad de compromiso y coherencia con los demás grupos y movimientos de Iglesia.

Por todo esto, en nuestra Diócesis:

4.1 Sólo podrá ser miembro de la Junta de Gobierno de cualquier Hermandad o Cofradía, el que se distinga por su vida cristiana personal, familiar y social.54 

4.2 Las procesiones:55 

4.2.1 Serán las previstas y autorizadas, por los itinerarios establecidos.

4.2.2 Los traslados de imágenes, cuando sean necesarios para su preparación, se harán dignamente, pero en privado y nunca con carácter procesional.

4.2.3 El orden de las procesiones entre sí, con las imágenes que las integran, deberá acomodarse al orden cronológico de los hechos que recuerdan. Esto se cuidará de manera especial en su relación con la celebración litúrgica: por tanto, habrán de resituarse, por ejemplo, las procesiones que, siendo de Pasión, terminan después de la celebración de la Vigilia Pascual en su parroquia.

4.2.4 La verdad de la procesión no se salva mejor por su mayor duración. Es más, a veces, la oscurece. Por eso, será necesario revisar atentamente el tiempo que dura cada una y evitar su prolongación excesiva e innecesaria.

4.2.5 Las bandas de música que acompañen a una procesión sólo deberán interpretar piezas de carácter religioso.

4.2.6 Para evitar todo lo que pueda causar extrañeza, deberán revisarse, en el templo y en las procesiones, los ?encuentros? de unas imágenes con otras, que, por folclóricos, tiendan más al espectáculo que a la catequesis.

4.3 Para organizar actos de culto público fuera del templo, deberán contar con autorización escrita del Obispado y de la Asociación de Cofradías correspondiente, más la de carácter civil, en su caso.56 

4.4 En las manifestaciones de Hermandades y Cofradías, se evitarán por todos los medios las adherencias de tipo económico o de folclore que puedan resultar antievangélicas.57

4.5 Las Hermandades y Cofradías serán especialmente cuidadosas en la administración de su economía. Para ello, se atendrán a lo establecido en sus Estatutos, sin descuidar lo que se refiere a su relación con la Administración Diocesana.58

4.6 Los laicos no deberían utilizar, ni siquiera en las procesiones, las vestiduras (dalmáticas...) propias de los ministros ordenados.59 

5. MÁS ALLÁ DEL CULTO

Ha sido una constante a lo largo de toda la Historia de la Salvación, que, en Jesucristo, se acentúa con toda claridad: la salvación es universal; ningún llamado lo ha sido para sí mismo; la Iglesia es esencialmente misionera.

El Evangelio, como lo hizo el mismo Jesús de Nazaret, se anuncia con palabras y con obras, que llegan hasta la situación concreta de los destinatarios. Por eso, los enfermos, los pobres, los marginados... han recibido las preferencias de Jesús y de los discípulos. Y, así, la fuerza del Evangelio ha resultado renovadora.

Para muchos, la gran tentación de la Iglesia, hoy, es recluirse entre sus cuatro paredes. Se subraya este aspecto, porque, hoy más que nunca, hay un mundo inmenso, más allá de nuestros templos y de nuestras sacristías y de nuestros campanarios, que necesita recibir el anuncio del Evangelio. Da la impresión de que nos falta sensibilidad para percibirlo. Al menos, es lo que parece expresar nuestra tranquilidad con hacer lo mejor posible aquello que tiene lugar en el interior de nuestros ámbitos. Como que no hubiera nadie más que aquellos que, diaria y habitualmente, se nos acercan. Como que no nos dolieran situaciones de mucha dificultad que se dan a nuestro alrededor...

Resulta difícil plantear esta apertura a nuestros grupos. Lo que no es estrictamente cultual no parece apropiado para el creyente, no parece exigido por la fe. Lo nuestro nos puede demasiado. Y siempre encontramos excusas y justificaciones para anteponer lo que consideramos necesidades propias, y posponer lo que afecta a los otros. Nuestros actos, nuestras actividades, nuestros miembros... ocupan no sólo el primer lugar sino el único en nuestras preocupaciones.

Por eso, es necesario estar atentos para no caer en la tentación del aislamiento, de la reclusión... para no quedarnos en el ámbito de lo privado. La salida misionera forma parte esencial de nuestra condición de creyentes cristianos. El testimonio y el esfuerzo por hacer presente el Evangelio en todos los ambientes, es algo que debe comprometernos continuamente.

Por eso, es necesario recordar que, para el cristiano, el hombre es lugar privilegiado de encuentro con el Dios que se ha hecho hombre. Para el cristiano, la imagen más perfecta de Dios es el hombre, y Cristo está especialmente presente en los hermanos más pequeños y más necesitados. Por eso, su actividad y compromiso van más allá del culto y más allá de los muros de su casa.60  Esa es una de las constantes más espléndidas que nos ofrece la historia de la Iglesia: cuántas personas, cuántas instituciones han admirado al mundo entero por su entrega sin límites a favor de los más desfavorecidos. Y cuántas obras iniciadas por cristianos permanecen aún como testimonio de caridad. Así lo entendieron las Hermandades y Cofradías más tradicionales, cuya finalidad primera fue la caridad.

Por todo esto, en nuestra Diócesis:

5.1 Deberá insistirse mucho en todas las Hermandades y Cofradías para que sus miembros se sumen generosamente a las actividades de apostolado y de evangelización,61  sobre todo las promovidas por su propia parroquia, sin olvidar que el campo más inmediato de actuación apostólica es la profesión particular de cada uno y la propia familia.

5.2 En la administración de sus bienes, las Hermandades y Cofradías, actuarán con sobriedad evangélica y con caridad cristiana. Por eso, anualmente, destinarán una parte de sus ingresos a las grandes intenciones de la Iglesia: Hambre, Misiones, Seminario, Cáritas... y obras asistenciales o sociales.62 

5.3 Todas las actividades de carácter caritativo que promuevan las Hermandades y Cofradías, deberán realizarlas coordinadas con la parroquia donde radican.

N O T A S

1 n.1676

 2 n.1676

 3 En él, está muy presente, aunque no se cite expresamente, el documento de nuestro CONSEJO PRESBITERAL: Cofradías y Hermandades, expresión destacada de la Religiosidad Popular (1991).

 4 LG 9; CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, 787 Y 858

 5 CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, 857-865

 6 CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, 833-834; 861-862

 7 CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, 888; 893

 8 LG 31, 33, 34, 36; GS 43; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA: Los católicos en la vida pública (1986), n. 106; c. 225; CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, 900; Christifideles Laici, 15

 9 LG 44; c. 573

 10 cf. LG 14; Nostra Aetate 2

 11 c. 298

 12 c.116.2; 312.1.3

 13 c.114.3

 14 cf. c.225.1 y 528.1

 15 cf. c. 114.3; 116.1; 225.1

 16 Esto iría contra el carácter de las Hermandades y Cofradías como asociaciones públicas. Cf. cc. 116.1; 298.1; 299.1;301.3; 313; 834.2

 17 cc. 120, 123, 320.2 y 3

 18 c. 317.1 y 4

 19 cf. c. 311; 323.2; 328

 20 cf. c. 313

 21 Real Decreto 142/1981; Resolución Ministerial del 11.3.1982; Real Decreto 589/1984

 22 CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA: Testigos del Dios vivo (1985), n. 13

 23 CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, 619-623; Redemptoris Missio 5

 24 CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, 153-155 y 158; NOVO MILLENNIO INEUNTE 29-41

 25 cf. FIDES ET RATIO, 6 (y en toda la Encíclica); Christifideles Laici 59-60

 26 CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA: Los católicos en la vida pública (1986), n. 20

 27 cf. c. 298, que habla de las asociaciones públicas de fieles. Cf. c. 316

 28 DELEGACIÓN EPISCOPAL DE LITURGIA: Renovaos en vuestro interior (Encuentros para Hermandades y Cofradías), Ciudad Real, 1998

 29 cf. cc. 842.2; 890; 912 ss.

 30 c. 329

 31 CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, 1161; 1172-1173

 32 CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, 1168-1171

 33 CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, 1165

 34 cf. SC 13 y 108

 35 cf. c. 315

 36 Conclusiones y sugerencias aprobadas en las Jornadas Nacionales de Responsables y Delegados del Patrimonio Cultural y asumidas por la Comisión Episcopal para el Patrimonio cultural: núm 10 (1982); CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA (Comisión Episcopal de Liturgia), ?Los conciertos en los templos? (1983); Normas Diocesanas: cf. B.O. (1986), pág. 124.

 37 cf. OGMR 278; SC 125 y cf. 13 y 128; c. 838.4; c. 1188; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA (Secretariado Nacional de Liturgia): Ambientación y arte en el lugar de la celebración, 22

38 cf. c.1189; c.1280-1298; c.638.3; CONGREGACUIÓN PARA EL CLERO: Carta circular sobre la conservación del Patrimonio Histórico-Artístico de la Iglesia, 1971; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA: Normas sobre el Patrimonio artístico e histórico de la Iglesia, 1980.

 39 c. 1283.2. Para la conservación de los bienes artísticos e históricos, y para las restauraciones y obras, téngase en cuenta lo establecido en las Normas Diocesanas: B.O. (1997), pág. 19-20.

40 RITUAL DE LA CORONACIÓN DE UNA IMAGEN DE LA VIRGEN, 6

41 RITUAL DE LA CORONACIÓN DE UNA IMAGEN DE LA VIRGEN, 7

 42 RITUAL DE LA CORONACIÓN DE UNA IMAGEN DE LA VIRGEN, 10

 43 RITUAL DE LA CORONACIÓN DE UNA IMAGEN DE LA VIRGEN, 9

 44 cf. SC 108

 45 cc. 767-769; cf. c.528

 46 cf. c. 846.1

 47 cf. SC 106 y 111; NORMAS UNIVERSALES DEL AÑO LITÚRGICO 5, 54.5, 58 y 61; c. 1246; CONFERENCIA EPISCOPAL EESPAÑOLA: Sentido evangelizador del Domingo y de las fiestas, 41; cf. Dies Domini 36

 48 cf. CEREMONIAL DE LOS OBISPOS, 229

 49 cf. c. 515; 519

 50 cf. Hch 1,1; GS 43

 51 cf. Ad gentes 21; EN 20; Christifideles Laici 17.34.59

 52 CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, 2123-2124 y 2127; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA: Los católicos en la vida pública (1986), n. 20

 53 GS 19.3; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA: Testigos del Dios vivo (1985), n. 21

 54 OBISPOS DEL SUR DE ESPAÑA: Carta pastoral sobre las Hermandades y Cofradías, 1988, 37: ?Sólo deberían ocupar dichos cargos cofrades y hermanos que se distingan por su vida cristiana personal, familiar y social, así como por su vocación apostólica. Ellos deben dar ejemplo y ser estímulo para los demás cofrades y hermanos, participando cada domingo en la celebración de la eucaristía, recibiendo con frecuencia el sacramento de la penitencia o confesión, siendo esposos y padres ejemplares, competentes trabajadores o profesionales, y distinguiéndose siempre por su unión y servicio a la parroquia, a la diócesis y a la Iglesia Universal. Nunca debería darse el caso de pretender acceder a los cargos de gobierno de una Hermandad/Cofradía personas que tuviesen como objetivo fines ajenos a los anteriormente enumerados; por ejemplo, servirse de una Hermandad/Cofradía como ámbito de influencias o plataforma de prestigio meramente humano.?

 55 c. 530.2

 56 cf. c. 315

57 CONSEJO PRESBITERAL: Cofradías y Hermandades, expresión destacada de la Religiosidad Popular,(1991), n? 10 

 58 cf. c.1284.3. cc. 319.1 y 1287.1

59 cf. OGMR 297ss

 60 NOVO MILLENNIO INEUNTE 49-50

 61 cf. c. 298.1

 62 cf. c. 222; 1262; 1263; S. JUAN CRISÓSTOMO: In Lazarum: ?No hacer participar a los pobres de los propios bienes es robarles y quitarles la vida. Lo que poseemos no son bienes nuestros, sino los suyos? (1,6); S. GREGORIO MAGNO: Regula Pastoralis: ?Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les hacemos liberalidades personales, sino que les devolvemos lo que es suyo, Más que realizar un acto de caridad, lo que hacemos es cumplir un deber de justicia? (3,21)